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Crónicas del Potosí / Los ojos del águila

Crónicas del Potosí

Querido diario, te recurro a vos porque sos mi único amigo en el que puedo confiar. Recuerdo aquel anciano que me dijo alguna vez: “Tomá este lápiz y este diario. Escribe en él para desagotar tus angustias”. Y así fue como de a poco aprendí a leer y a escribir. Desde ese momento, te convertiste en mi refugio imaginario, mi más preciado tesoro. Ya pasaron varios años de que me arrancaron de mi pueblo. Recorrí en aquel enorme barco, los más lujosos puertos de Francia e Inglaterra. Hasta que mi destino me hizo terminar aquí, en Bolivia. Ahora, soy un aborigen más porque tenemos muchas cosas en común. A los dos nos sacaron de nuestras tierras para estar trabajando como esclavos en esta gran mina. Estamos unidos en esto y nos apoyamos mutuamente. Ellos me comentan que eran libres antes que llegue el hombre blanco. Las horas de trabajo en las minas son de 25 horas promedio, más de lo que dura un día. No tenemos derecho a descansar ni a enfermarnos. Esto nos costaría la vida. Del oro que sacamos, no recibimos nada. Hace un tiempo que nos cambiaron la comida rutinaria por algo nuevo, lo llaman coca. Ya no tengo ni hambre, ni sueño pero a su vez me siento más pesado. Debe ser alguna planta mágica esta coca, ya que nos deja con la panza llena con muy poco. Cada día que pasa me cuesta más respirar, lo raro es que ya no transpiro. En el centro de Potosí, construimos una gran estatua del hombre blanco. El mismo que nos tortura. Todas las mañanas debemos alabar a la gran figura pidiendo para que hoy no sea nuestro turno. Y así van pasando los días, soñando con la tan esperada libertad. Sin embargo, se corre el rumor de un gran guerrero que defenderá a nuestros pueblos y nos liberará. Su nombre es José Gabriel Condorcanqui Noguera pero nosotros lo llamamos Túpac Amaru.

Los ojos del águila

Desde las afueras de mi pueblo natal se puede observar la gran luna que vigila a toda su gente. Ella observa y controla que todo siga su rumbo normal. Es la que protege a mi pueblo de los fuertes vientos que vienen de afuera. Todos le tienen respeto, el pueblo, la gente, los animales y hasta la misma naturaleza. Tienen miedo que un día se enoje y desate su furia contra ellos. Su mirada intimida. Es maravilloso observar su metamorfosis, ver como se convierte en un gran águila para realizar su tarea de cuidador. Solo ella tiene acceso a los diferentes rincones del pueblo y posee el poder de congelarnos con su mirada. Los ojos del águila siguen vigilando.

Leandro Buc en homenaje a los pueblos originarios.

2 comments to Crónicas del Potosí / Los ojos del águila

  • Fede

    Que buen texto, cada palabra que leía me hacia recordar a “Las venas de abiertas de América Latina”.

  • alan

    recorde el pasado en el texto de potosi y vuelvo a decir que los aborigenes ocupan un lugar privilegiado en la historia de america latina.

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