Sombras

Hoy, te vuelvo a encontrar. Hoy, vuelvo a sonreír. Mirá, todo lo que he hecho por recuperarte en todo este tiempo que he estado sin ti. Soñar, solo una vez más y sentir que vuelvo a vivir. Si sos el sol que me iluminó, por eso puedo decir que la noche terminó con una canción que me acercó a ti. Hoy, te vuelvo a soñar sin una palabra de más. Tan perfecta y tan irreal, con voz de ángel. Y yo me pregunto porque doy vueltas y vueltas sin saber como hacer para que te fijes en mi solo un minuto. Es como pedir algo imposible que te roba el sueño y no te deja dormir. Son historias así de tristes de princesas sin su príncipe, que te arrancan el corazón del interior.

Anónimo

Textos electrónicos

Sin destino, sin resignación, sin mentiras, sin valor. ¿Cómo se entiende?. ¡No se entiende!. Los caminos en una dirección, los dilemas y una sensación. ¿Cómo se entiende?. ¡No se entiende!. Son nubes que no son, solo nubes que no son, solo nubes, nubes. Las ideas en una oración, la semilla y el “por favor”. ¿Cómo se entiende?. ¡No se entiende!. Los amigos y la confesión, los secretos y la relación. ¿Cómo se entiende?. ¡No se entiende!. Por eso son nubes que no son, solo nubes que no son, solo nubes, nubes. ¿Cómo comprender que el tiempo pasa y lo que pasa es ayer, y lo que queda hoy es la sensación. ¿Cómo se entiende?. ¡No se entiende!. Solo son entelequias que alumbran al sol.

Anónimo

El regalo que puede ser maldición

Una vez dijo un gran escritor, que las guerras y la violencia siempre van a existir. Es parte de la condición humana. Las personas tenemos sentimientos y estos nos llevan a la violencia. Rencor, envidia, ambición, odio y hasta el amor pueden ser causa de una guerra. No hay mejor ejemplo para esto que la guerra de Troya, la batalla entre dos imperios por una mujer. Pero esto no significa que no creamos en la paz mundial. Esta es solo una utopía y por lo tanto sirve para dar un paso más, para caminar.

“Las personas fuimos condenadas desde el momento que tenemos sentimientos”.

Anónimo

Papel higienico

Habían dos extraños sentados en el banco de una plaza, riendose de su nacionalidad sin saber que del otro lado del muro, éste es una paradoja de sí. Mientras otros se casan entre humo y olor, son nubes de conejos que se escapan de la mente saltando entre ramas sin decir palabras. Ellos pueden observar la montaña. Desde la cima es más fácil ver el horizonte y saben que es el único lugar donde se pueden pisar todas las hormigas. Estos fieles caballeros pueden ver las pequeñas cosas que los humanos no pueden ver. Aquellos dos humanos sentados en el banco de la plaza, le tiran migas de pan a las palomas que viajan de de aquí para allá buscando  comida siempre y cuando no se la saque alguna ardilla. Tras el acepto, los concejos se escapan, los extraños se miran y se besan.

Sr. Smith

El niño / Amor

El niño

El niño llora porque no puede reír, se olvidó de cómo era la risa.
El niño golpea porque reclama amor,  no encuentra paz en este mundo violento.
El niño se queja que le robaron. Le robaron el derecho de divertirse, de tener infancia.
El niño es responsable del hambre, dejando la imaginación de costado.
No importa cuanto reclame, ya tuvo que cambiar sus juegos por preocupaciones que no entiende.
El niño tuvo que hacerse adulto cuando no lo es.
El niño dice que le destruyeron su mundo.

Amor

¿Cuántas veces escuchamos mencionar la palabra amor?.¿Cuántas veces nosotros la dijimos?. ¿Pero conocemos, en verdad, su significado?. El amor verdadero es aquel que responde al corazón y no a la razón. Es como el velero a la deriva, que es llevado por las olas y el viento a un nuevo horizonte desconocido. No entiende de códigos, ni reglas porque su origen, así, lo ordena. No trates, en vano, de buscar explicaciones lógicas ni teorías científicas. Es el veneno que viene en frasco chico pero, a su vez, es el antídoto más eficaz. Solo déjalo ser, let it be, como la semilla en tierra fértil que crece para transformarse en la flor más bella y codiciada por todos.

Leandro Buc

No poder dormir

No puedo. Intento ignorarlas pero no puedo. Es más fuerte que yo. Mi familia intenta calmarme, pero el solo hecho de saber de su existencia me impide tranquilizarme.
Terminamos de cenar en mi casa y, como de costumbre, los cuatro integrantes de la familia hacemos sobremesa mirando la televisión. La excusa que siempre encuentro para subir a mi dormitorio e irme a dormir es “ese programa está dirigido a idiotas, no lo miren más”. Y pronunciando ese slogan es como cada noche me despido de mi familia y me dirijo a mi cama para intentar concebir el sueño.
Pero hoy no. Hoy no va a ser así. Voy a tener que fingir que tengo sueño como todos los días, para que mi familia no sospeche de mi paranoia. Entonces apoyo mi cabeza en la almohada, pero mis ojos ni siquiera simulan cerrarse.
Mirando el techo y escuchando la televisión aún prendida pasan los minutos y mi familia sigue despierta. Ahora sé que todas las noches mis hijos se quedan despiertos durante más tiempo que yo, y seguramente sea ese el motivo por el cual a la mañana viajan a la escuela como si fuesen zombies.
En un momento, toda la casa se silencia y las luces se apagan. Siento a mi esposa acostarse a mi lado. Tengo que dormir, tengo que cerrar los ojos e intentar descansar. Pero solo saber que ellas están rondando por mi casa es suficiente para dejarme desvelado. Así que tengo que hacer la tarea que tendría que haber hecho hace tiempo, este es el momento.
Salgo de mi habitación y al pasar por la puerta de la habitación de mi hijo, el me llama la atención y me pide que vuelva a dormir, que no sea paranoico y que deje de inventar cosas en mi cabeza. Pero no le hago caso y bajo las escaleras, y me dirijo a la cocina.
Empiezo a revisar cada puerta de cada mueble. No encuentro nada. Saco los cubiertos y los tiro al piso, saco cada cacerola y olla y las dejo caer. Nada. Abro la heladera, reviso cada una de las cosas que hay adentro ¡No puede ser que no haya nada! Reviso las estanterías, se caen algunas copas que hacen ruido al romperse contra el suelo. ¡Malditas! Abro el horno y finalmente encuentro lo que estaba buscando, la raíz de mis problemas finalmente se presentaba frente a mis ojos.
Baja mi esposa y mis hijos, y preocupados me preguntan qué pasaba, porque hice todo ese ruido, porque desordene la cocina. Pero victorioso y satisfecho les señalo el interior del horno, mostrándoles que finalmente había encontrado a una de las (sabe Dios cuántas) cucarachas que seguramente estaban acechando en nuestra casa, esperando el momento apropiado para raptarnos y llevarnos con su comunidad.

Alejandro Magnetto

Las venas abiertas de Buenos Aires, Argentina / Rompecabezas

Las venas abiertas de Buenos Aires, Argentina

La cosa es así, estaba en el extremo de uno de los vagones del subte. Cerré los ojos y suspiré. Las puertas se habían cerrado de nuevo frente a otra estación y en el vagón ya no cabía un alfiler. Otra vena abierta más que empieza a transitar. Todas las venas se dirigen hacia la Gran Capital, el corazón de la ciudad de la furia. Mientras los glóbulos rojos colapsan otra vena más. Abrí los ojos cuando las puertas se abrieron, estaba en la estación Alem.

Rompecabezas

En el inicio del universo cuando aún no existía el tiempo, se creó un rompecabezas. El único de su clase con características sorprendentes. Los seres mágicos de aquel lugar lo llamaron ser humano. Ellos habían decidido que este debería estar conformado por diferentes tipos de piezas para lograr el equilibrio perfecto. A su vez, cada pieza separada fue convertida en increíbles criaturas a las que nombraron animales. Entre las más conocidas estaban: el oso panda, la ballena, el tigre, etc. Para no romper el equilibrio y proteger al rompecabezas, los seres mágicos crearon un lugar llamado Tierra en el cuál fueron distribuidos y escondidos los animales, Cada uno de ellos representa una pierna, un brazo, una cabeza o alguna otra parte de aquel rompecabezas denominado ser humano.

Leandro Buc

released

If u had seen all to be seen is a drop o rain
or in a piece of cloud u ‘will be free
close your eyes and count until ten
open up but wait when u leave the earth
let go all your fears behind
u will not

Poné los fideos

– La cosa es así: No le decimos nada a la tía Patricia. No tiene porque enterarse. – Decía Gustavo, mientras comía maníes, para picar mientras la abuela Celia preparaba la comida.
– Para mí sí hay que decirle. – Desde el patio se escuchaba la opinión de Guillermo, el esposo de Alejandra.
– Mirá, los chicos ya lo saben. Si se lo dijimos a todos los primos, ¿Como no le vamos a decir a la tía? – Alejandra opinaba mientras ordenaba el living de la casa de su madre.
– Pero Patricia se impresiona fácil, no creo que sea conveniente decírselo. – Gustavo seguía comiendo, sin ofrecerse para ayudar.
– ¿Y si le preguntamos a la vieja a ver que opina? – Alejandra levantó la vista y llamó a la abuela Celia – ¡Vieja! ¿Le contamos o no le contamos a Patricia?
– Se va a dar cuenta sola querida.
Los chicos corrían por el patio. El día estaba hermoso, el sol del mediodía reflejaba en la membrana del techo del galpón del abuelo, que se lo extrañaba mucho en las reuniones familiares.
– ¿No podemos pasar alguna vez un domingo tranquilo en esta casa? – Gustavo le preguntó a los presentes.
Se abrió la puerta y entró la tía Patricia. Cada uno de los que estaba en la casa de la abuela Celia paró de hacer lo que sea que estaba haciendo y la miró al entrar.
– ¡Hola a todos! ¿Cómo están?
Nadie atinaba a contestarle. Todos la miraban fijo y nadie le decía nada.
– ¡Vieja, poné los fideos que ya estamos todos! – Dijo Adrián, el más chico de los hermanos, que estaba en el patio charlando con su cuñado Guillermo.
– Hola hija – Dijo Celia al ver que nadie saludaba a la recién llegada – Te voy a decir algo que parece que nadie se anima a decirte: El viernes un auto te chocó de frente en la avenida y lamentablemente no pudimos hacer nada. Falleciste.
Frente a la mirada de todos, Patricia empezó a llorar, mientras su marido la abrazaba para consolarla.
- Ma, no tendrías que haber sido tan directa. Duele. – Alejandra no sabía como reaccionar.
– Alguien se lo tenía que decir, querida – Celia se excusaba. – O que, ¿A vos no te dijimos la vez que te dispararon?
- Pero es distinto. Nos tomamos las cosas de distinta manera.
Mientras Patricia paraba de llorar y se secaba las lágrimas, todos se distendían un poco y comentaban temas sin relevancia.
- Bueno, ya está. Ahora todos los hermanos estamos igual, ya morímos una vez, ¿No? – Patricia parecía que estaba mejor después de llorar unos cuantos minutos.
– Y sí, ahora tenemos que tener más cuidado – dijo Gustavo.
– ¡Todos a la mesa que la comida ya está lista! – Dijo Celia, y los integrantes de la familia se sentaron a compartir un almuerzo como todos los domingos solían hacer.

Guillermo Campino

54237283 (Basado en la novela de George Orwell, 1984)

Ya eran las diez  de la mañana cuando el sonido de las sirenas me despertaron. Al rato, se escuchó una voz que salía de un megáfono. “Por favor señor, déjenos sacarlo de ahí. No se porque motivo ha decidido hacer esto pero todo se puede solucionar. Déjenos sacarlo”. Me acerqué enseguida a la ventana y pude observar como la policía trataba de sacar a un hombre que se había encerrado entre rejas en el patio de su casa. Nunca había visto algo así. Reconocí al hombre en el mismo momento que lo vi, era mi vecino. Había hecho alrededor de él paredes de rejas sin ninguna puerta. A eso de le las siete de la tarde, la policía se había marchado sin éxitos, no pudo lograr sacar al hombre. Fue aquel momento cuando decidí salir afuera y hablar con él. Me acerqué y lo saludé:

-“Hola, ¿Cómo le va?”.

-“Excelente, mejor que nunca”.

-“Oh me alegro por usted. ¿En qué anda?. ¿Por qué se ha encerrado entre rejas?”.

-“Yo no me encerré, me liberé. Ustedes son los que están presos sin libertad”.

-“¿Cómo puede una persona estar libre si está entre cuatro paredes todo el tiempo”.

-“Yo no estoy entre cuatro paredes, tu mundo está limitado por estas paredes, sos vos el que está encerrado. Este es mi mundo, yo hago lo que quiero acá, pienso libremente. En cambio, allá, en tu mundo, vos haces los que otros quieren o lo que te hacen creer que vos querés. Muchacho, vos sos inteligente y se que un día vas a entender todo esto que te digo. No solo eso sino también vas a poder pasar estas paredes que te están sacando la libertad”.

Al final le tuve que terminar dándole la razón porque no había forma de convencerlo de lo contrario. A la mañana siguiente, encontré un sobre en la puerta que decía “De una persona libre para otra persona”. Lo abrí enseguida, había un sólo papel. En él tenía escrito lo siguiente: 54237283. Dejé el papel con el sobre arriba de la mesa y me dirigí a la ventana. Pude observar que ya no estaba ni mi vecino, ni las rejas. Fue ese momento, cuando entendí las sabias palabras de aquel hombre. Agarré un par de rejas y empecé a construir mi libertad.

De una persona libre a otra persona.